Por Glen Santamaría
Diversificar suena espectacular hasta que terminás con siete proyectos abiertos, tres cuentas bancarias, una idea de negocio en beta y cero tiempo para atender lo que realmente te paga las cuentas.
El problema no es diversificar. El problema es hacerlo sin criterio.
Para eso existe una regla bastante simple: 70/20/10. No es matemática sagrada ni hay una policía del porcentaje. Es una forma de decidir cuánto poner en lo que ya funciona, cuánto usar para crecer y cuánto arriesgar en cosas nuevas.
70%: cuidá la máquina que imprime billetes
El 70% de tus recursos —tiempo, plata, energía— debería seguir yendo al negocio principal.
Si sos freelancer y facturás USD 8.000 por mes con tres clientes estables, quizás no sea brillante abandonar dos porque descubriste que “ahora hay que vender cursos”.
Lo aburrido también paga facturas.
Ese 70% es tu core: clientes actuales, productos que venden, canales que convierten, procesos que funcionan. Diversificar no significa sabotear tu fuente de ingresos actual para perseguir la próxima cosa brillante.
20%: expandí desde algo que ya conocés
Acá aparece la diversificación con bastante menos vértigo.
El 20% puede ir a oportunidades relacionadas con tu negocio actual: un nuevo servicio, otro tipo de cliente, un mercado distinto o una segunda fuente de ingresos.
Por ejemplo, una agencia que ya vende servicios en Estados Unidos podría empezar a desarrollar un producto digital. O un negocio que acumuló cierto volumen de capital podría separar operaciones e inversiones en estructuras distintas.
Ahí incluso puede tener sentido evaluar una segunda LLC, no porque tener dos LLC sea automáticamente mejor, sino porque separar actividades, riesgos o patrimonio puede formar parte de una estrategia de diversificación más ordenada.
La clave es que este 20% no sale de la galera: se apoya en algo que ya aprendiste con el 70%.
10%: permiso para experimentar
Y finalmente está el 10% divertido.
Ese espacio es para probar una idea nueva, invertir en algo distinto, experimentar con IA, lanzar un producto mínimo o meterte en un mercado que todavía no sabés si va a funcionar.
Si sale mal, no te rompe el negocio.
Si sale bien, puede convertirse en parte de tu 20%. Y eventualmente, quién sabe, hasta disputar un lugar dentro del 70%.
Pensalo con USD 10.000 disponibles para reinvertir: USD 7.000 fortalecen lo que ya genera resultados, USD 2.000 desarrollan una oportunidad cercana y USD 1.000 financian experimentos.
Simple. Sin apostar el alquiler a que tu nueva idea sea el próximo unicornio.
Porque diversificar bien no es tener veinte negocios.
Es construir nuevas fuentes de crecimiento sin romper la que ya tenés.
Y quizás esa sea la parte menos sexy —pero más inteligente— de crecer.





